
No me extraña. Por lo menos los salvadoreños ya estamos acostumbrados, la fe en nuestros gobernantes la perdimos hace ya más de medio siglo. ¿Será que no saben gobernar? ¿será que no saben como llevar las riendas de este país? ¿será que se les olvidó para quiénes trabajan? O ¿Será que no se les olvidó, y es a ellos a quienes rinden cuentas de sus acciones? Pues, levantan la mano como el Cesar levantaba el pulgar en señal de aprobación, o lo bajaba para enviar a las fauces de los leones a los gladiadores. Los gobernantes hacen lo mismo, solo que, como los tiempos cambian, ahora todo es invertido, se levanta el brazo para aprobar leyes y reformas que envían al pueblo salvadoreño a las fauces del hambre, de la pobreza, del desempleo, de la delincuencia, la corrupción, la deforestación. Exacto, esas calamidades de las que hablaba quien tocó a mi puerta, o quizás no eran esas, y la que se equivocó de puerta soy yo...total recibí la misma respuesta. Silencio.
Dios ha muerto. Pero si su hijo resucitó al tercer día, porque no lo habría de hacer Él. El pueblo también está muriendo, pero puede renacer. Basta con llamar a la puerta y que ésta nos responda. Nuestro corazón, nuestra conciencia social, nuestra memoria histórica, nuestra fe. ¿Y si no nos responden? Sencillo. Habrá que tocar más fuerte.