Ella, amparada por la sombra que la noche y la tierra le ofrecían, se puso su mejor chal naranja encima; y, tras un instante de silencio, dejo escapar lo que parecía ser una tímida sonrisa. Aquella, poco a poco, creció y creció hasta dejarse ver por completo para deleite de los curiosos que desde el fondo del abismo esa noche la soñaban.
miércoles, 20 de febrero de 2008
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Por: Clío Goretti

Ella, amparada por la sombra que la noche y la tierra le ofrecían, se puso su mejor chal naranja encima; y, tras un instante de silencio, dejo escapar lo que parecía ser una tímida sonrisa. Aquella, poco a poco, creció y creció hasta dejarse ver por completo para deleite de los curiosos que desde el fondo del abismo esa noche la soñaban.
Ella, amparada por la sombra que la noche y la tierra le ofrecían, se puso su mejor chal naranja encima; y, tras un instante de silencio, dejo escapar lo que parecía ser una tímida sonrisa. Aquella, poco a poco, creció y creció hasta dejarse ver por completo para deleite de los curiosos que desde el fondo del abismo esa noche la soñaban.
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Cavilaciones de la Gaviota
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